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Por Antonio Celia C.
Sí, somos alegres, efusivos, extrovertidos. Decimos siempre lo que pensamos. No sabemos lo que es hipocresía. Hablamos en voz alta. Somos transparentes, sinceros, espontáneos; somos una casta privilegiada: somos costeños, a mucho honor. Esta es nuestra verdadera idiosincrasia, la que ciertos hacedores de telenovelas interioranos no han podido asimilar, o no han sabido interpretar por ser tan diferente a la de ellos y nos presentan bajo su propia lupa, como sucede en la telenovela Chepe Fortuna, que no nos hace justicia y tergiversa nuestra identidad. ¿Será acaso con el propósito de captar audiencia entre televidentes del interior del país, mostrándonos como muchos de ellos quieren vernos? Como presumen que somos, sin haber profundizado en nuestra verdadera personalidad, exponiéndonos a la crítica de sus coterráneos e incluso de algunos desadaptados de nuestro propio terruño, quienes sostienen que debemos tratar de cambiar la ‘mala imagen’ que proyectamos en el interior.
Son ellos quienes deben aprender a entendernos, no nosotros. Lo que muestra la telenovela no se ajusta a la realidad; no es propiamente una ‘gracia’ la que se nos está haciendo. La escandalosa gritería, la exagerada morisquetería de algunos de sus actores, sorprendentemente costeños ellos, sobreactuados y desvirtuando su propia identidad, hacen de esta telenovela una poco afortunada versión que no refleja la realidad, que fastidia y desagrada. Queremos expresar nuestra inconformidad con esta clase de presentaciones, que generan rechazo de parte de toda una colectividad.
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